Rust acaba de ser nombrado por tercer año consecutivo el lenguaje de programación más admirado por los desarrolladores, con un 72% de aprobación. Pero en 2026 ha pasado de ser «el lenguaje que todos admiran pero pocos usan» a convertirse en requisito en ofertas de trabajo de Amazon, Google, Microsoft, Cloudflare y decenas de startups.
Más rápido, más seguro, más difícil
Rust no es fácil. Su sistema de ownership y borrowing tiene una curva de aprendizaje que asusta. Pero a cambio ofrece algo que ningún otro lenguaje puede garantizar: seguridad de memoria sin garbage collector. Eso significa programas que no crashean por null pointers, que no tienen race conditions y que rinden como C++ sin sus trampas.
La versión 1.90, lanzada en septiembre de 2025, trajo LLD como linker por defecto en Linux x86_64, reduciendo los tiempos de compilación significativamente. Y Python ha abierto un pre-PEP para integrar Rust en CPython, motivado por la seguridad de memoria y la facilidad de refactoring.
¿Y Go?
Go sigue siendo el rey indiscutible de la infraestructura cloud. Kubernetes, Docker, Prometheus, Terraform: todo está escrito en Go. Su admiration rating del 56.5% refleja que los desarrolladores que lo usan están contentos, aunque TIOBE lo haya bajado del puesto 7 al 11.
La realidad es que Rust y Go no compiten. Rust domina sistemas, embedded y performance-critical. Go domina cloud, DevOps y networking. Si tienes que elegir uno para aprender en 2026, la pregunta correcta es: ¿qué quieres construir?
Mi experiencia
En Dumaloor he empezado a usar Rust para herramientas CLI internas y procesamiento de imágenes. La productividad baja las primeras semanas, pero después el compilador se convierte en tu mejor aliado: si compila, funciona. Es adictivo.

