Jensen Huang fundó NVIDIA en 1993 para hacer tarjetas gráficas para videojuegos. Treinta años después, NVIDIA vale más de 3 billones de dólares y sus GPUs son el motor que alimenta toda la revolución de la inteligencia artificial. Huang pasó de fabricar chips para gamers a controlar la infraestructura más crítica del siglo XXI. Y todo empezó en un Denny’s.

De los videojuegos a la IA

Las GPUs de NVIDIA fueron diseñadas para renderizar gráficos 3D en tiempo real. Pero en 2012, investigadores de IA descubrieron que esos mismos chips eran perfectos para entrenar redes neuronales. Lo que hacía una GPU — procesar miles de cálculos en paralelo — era exactamente lo que necesitaba el deep learning.

Huang vio la oportunidad antes que nadie. Mientras AMD e Intel seguían centrados en CPUs tradicionales, NVIDIA invirtió masivamente en CUDA (su plataforma de computación paralela) y en relaciones con la comunidad de investigación en IA. Cuando la explosión de ChatGPT llegó en 2023, NVIDIA ya llevaba una década de ventaja.

La chaqueta de cuero y Denny’s

Huang es famoso por dos cosas: su inseparable chaqueta de cuero negra y la historia de que fundó NVIDIA en una mesa de Denny’s (una cadena de restaurantes americanos). Trabajó de lavaplatos en su adolescencia después de emigrar de Taiwán. No viene del privilegio de Silicon Valley: viene del trabajo duro y de una obsesión por la tecnología gráfica que le acompañó desde la universidad.

El monopolio de facto

Hoy, aproximadamente el 80% de los chips usados para entrenar modelos de IA son de NVIDIA. Los centros de datos de Google, Microsoft, Amazon, Meta y cualquier startup de IA compran GPUs H100 y H200 a precio de oro. NVIDIA tiene márgenes de beneficio del 60% — cifras que harían sonrojar a Apple.

Huang demuestra que la paciencia estratégica puede ser más poderosa que la velocidad. No pivotó a la IA de un día para otro: construyó la plataforma durante 10 años antes de que el mercado la necesitara. Cuando el momento llegó, era el único preparado.