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Tu web tarda cuatro segundos en cargar, y eso tiene un precio

La lentitud no es una molestia estética: es gente que se va antes de ver lo que vendes. Qué la causa y qué se puede arreglar sin rehacerlo todo.

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Cuatro segundos esperando a que aparezca algo en la pantalla. Puestos a imaginar una web lenta, sirve como retrato: cuatro segundos es una eternidad delante de un móvil. Pero conviene decirlo claro desde el principio, porque se repite mucho lo contrario: esa cifra es un ejemplo, no una medida. Nadie ha cronometrado nunca «el tiempo que una persona tarda en decidir si se queda», entre otras cosas porque no existe tal instante. Lo que sí se observa, una y otra vez, al mirar cuánta gente abandona una página según lo que tarda en mostrar algo, es una pendiente: cuanto más tarda, más gente se va, sin ningún escalón limpio de por medio. La caída se nota con fuerza ya en los primeros segundos y sigue empeorando desde ahí. Cada segundo de más se traduce en menos gente que llega a ver el producto, el horario o el formulario de contacto que esa web existe para enseñar.

Y el problema no se queda en la gente que se va. Los buscadores también miden la velocidad de una web, y la usan como uno de los factores para decidir en qué posición la enseñan cuando alguien busca lo que tú vendes. Una web lenta no solo pierde visitas por abandono directo: además, con el tiempo, aparece más abajo en los resultados de búsqueda que una equivalente y más rápida. La lentitud cuesta dos veces.

#Las cuatro causas más habituales, de mayor a menor peso

Cuando una web tarda más de lo razonable, casi siempre es por una combinación de las mismas cuatro causas. Diagnosticarlas por dentro es trabajo de quien te mantiene la web. Lo que a ti te sirve es saber que existen, porque es lo que te permite preguntar por ellas cuando alguien te diga que «la web va lenta y no se puede hacer nada».

Imágenes subidas tal cual salen de la cámara o del móvil. Es, con diferencia, la causa más frecuente y la más barata de arreglar. Una fotografía pensada para imprimirse en gran formato pesa muchas veces más de lo que necesita pesar para verse perfectamente en una pantalla, y sin embargo es habitual encontrarla subida sin ningún ajuste. Reducir su tamaño y convertirla a un formato pensado para la web no le resta calidad visible al ojo humano, y en muchos casos por sí solo recorta buena parte del tiempo de carga total de una página.

Exceso de scripts de terceros. Cada herramienta añadida a una web —un contador de visitas, un chat de atención, un píxel de publicidad, un widget de reseñas— trae consigo su propio código, que el navegador tiene que descargar y ejecutar antes de terminar de mostrar la página. Una o dos de estas herramientas apenas se notan. Media docena, acumuladas con el tiempo porque cada una se añadió para una campaña puntual que nadie retiró después, sí se notan, y mucho.

Tipografías que bloquean el dibujado de la página. Cuando una web usa una letra personalizada en lugar de las que ya trae el sistema del visitante, el navegador tiene que descargar esa letra antes de mostrar el texto. Si esa descarga no está bien planteada, el resultado es una pantalla en blanco —o con el texto invisible— durante ese tiempo, aunque el resto del contenido ya esté listo.

Un servidor mal dimensionado para el tráfico que recibe. El servidor es el ordenador remoto que entrega la web a cada visitante que la pide. Si ese ordenador tiene menos capacidad de la que necesita para atender a la gente que llega a la vez —por ejemplo durante una campaña de publicidad que multiplica las visitas de golpe—, cada visitante espera más porque el servidor está ocupado atendiendo a los demás. Es la causa que menos aparece de las cuatro, pero cuando aparece, ninguna de las otras tres soluciones sirve de nada mientras no se resuelva.

#Lenta para todos, o solo con mala conexión

Hay una distinción que conviene tener clara antes de pedir explicaciones a un proveedor: no es lo mismo una web que tarda para cualquiera que la abra, que una que va bien en una oficina con buena conexión y mal desde el móvil de un cliente con poca cobertura.

Una web que tarda para todo el mundo, incluso desde una conexión rápida, casi siempre tiene un problema de fondo: demasiado peso, demasiados scripts, o un servidor que no da abasto. Una web que solo tarda con mala conexión puede estar razonablemente bien construida y aun así notarse mal en el uso real, porque buena parte de quien la visita lo hace desde el móvil, en la calle, con cobertura irregular. Este segundo caso importa igual que el primero: si la mayoría de tus clientes te encuentra desde el móvil, la experiencia que cuenta es esa, no la de la oficina con fibra.

Por qué esto no se nota en el ordenador de la oficina

Un equipo de desarrollo suele revisar la web que construye desde un ordenador potente, con buena conexión, sin nada más abierto compitiendo por esa conexión. Es exactamente el peor lugar para notar un problema de velocidad, porque es el entorno donde menos se manifiesta. Por eso conviene pedir explícitamente que se mida la velocidad simulando una conexión más lenta, no solo desde la mejor conexión disponible.

#La nota no es el objetivo

Existen herramientas gratuitas que analizan una web y devuelven una puntuación de velocidad, normalmente de cero a cien. Son útiles como punto de partida, pero conviene no perseguir la nota como si fuera el objetivo en sí mismo. Dos webs pueden sacar la misma puntuación y ofrecer experiencias muy distintas a quien las visita, porque lo que de verdad importa no es el número final, sino un momento muy concreto: cuánto tarda el visitante en ver algo con sentido en la pantalla después de pedirla.

Ese momento tiene más peso en cómo se percibe una web que el tiempo total hasta que absolutamente todo —incluido lo que el usuario ni siquiera va a mirar todavía— ha terminado de cargar. Una web que muestra el titular y el primer contenido rápido, aunque tarde algo más en terminar de cargar elementos secundarios más abajo, se percibe como rápida. Una que deja la pantalla en blanco durante varios segundos y luego lo carga todo de golpe se percibe como lenta, aunque el tiempo total final sea parecido.

#Qué medir y en qué orden atacar

Antes de encargar cualquier arreglo, pide que te enseñen tres cosas medidas, no descritas de palabra: cuánto tarda la página en mostrar el primer contenido con sentido, cuánto pesa la página completa en total, y cómo se comporta esa medición simulando una conexión de móvil normal, no la mejor conexión de la oficina.

Con esos tres datos delante, el orden de ataque casi siempre es el mismo, de más barato y más rentable a más caro:

  1. Optimizar las imágenes existentes. Es el cambio más barato y el que más se nota, y no exige tocar ni una línea de la lógica del sistema.
  2. Auditar y retirar scripts de terceros que ya no se usan. Cada herramienta añadida en el pasado para una campaña o una prueba concreta que nadie ha retirado después es peso muerto que se puede quitar sin coste de desarrollo.
  3. Revisar cómo se cargan las tipografías personalizadas, para que el texto se vea cuanto antes en lugar de esperar a que termine una descarga.
  4. Revisar el dimensionamiento del servidor, solo si las tres anteriores no bastan y el problema persiste bajo tráfico alto.

Este orden no es casualidad: son, de mayor a menor probabilidad, las cuatro causas descritas más arriba. Atacarlas en ese orden suele resolver la mayoría de los casos de web lenta sin necesidad de rehacer nada desde cero.