Botones que nunca cumplieron el contraste mínimo.
Se veían bien. Medidos, no llegaban ni a la mitad de lo que exige la norma de accesibilidad.
La IA no me hace escribir código más rápido. Me deja poner tres pares de ojos donde antes había uno.
Un test es la diferencia entre «creo que funciona» y «sé que funciona». Esta misma web pasó de no tener ninguno a tener más de trescientos, que se ejecutan enteros en unos segundos cada vez que se toca algo.
Y hay un detalle que importa más que el número: un test que no puede fallar no sirve de nada. Por eso, cuando se arregla un fallo, se vuelve a introducir a propósito para comprobar que el test lo detecta. Si no salta, el test estaba mal.
Esta web es mía, así que puedo enseñarte lo que encontró sin esconder nada. Tres cosas que llevaban tiempo ahí:
Se veían bien. Medidos, no llegaban ni a la mitad de lo que exige la norma de accesibilidad.
En su sistema, una opción que usa mucha gente con migrañas o mareos. El texto estaba ahí, en el código, pero no se veía nunca. Sin ningún error en pantalla que lo delatara.
Estaban en artículos del blog, sin que se notara mirando la página. El proceso los encontró y ya están fuera.
Ninguna de las tres se arregla mirando la pantalla y diciendo «se ve bien».
Que lo que te entrego no depende de que te fíes de mí. Depende de que haya pruebas: pruebas que se ejecutan solas, revisiones hechas por alguien que no es quien escribió el código, y un registro de por qué se decidió cada cosa.
Es el mismo motivo por el que puedo trabajar solo en proyectos que normalmente pedirían un equipo. No porque escriba más rápido, sino porque reviso más veces.
Cuéntame qué tienes entre manos y te cuento cómo lo abordaría, con el mismo nivel de detalle que ves aquí.